Y Roger Vadim creó a Brigitte Bardot, el animal más erótico del mundo, una mujer que no tenía reparos en mostrar su cuerpo y disfrutar de él. A pesar de la intención de Vadim, resultaba demasiado joven, demasiado inocente y con muchas ganas de divertirse como para ser una auténtica femme fatale. Fue como una bocanada de aire fresco para el cine francés. En Estados Unidos la adoraban, sólo su nombre llenaba los cines, sus películas -caso raro- se doblaban al inglés: mencionar el tándem Bardot-Vadim era sinónimo de «nouvelle vague» cuando poco o nada tenían que ver con este movimiento. No obstante, protagonizó una de las películas más emblemáticas del primer Godard, El desprecio. Su fama era tal, que fue elegida la primera Marianne de rostro conocido, el símbolo por excelencia de la República francesa. Abandona el cine en 1974, y a partir de entonces se ha dedicado a la defensa de los derechos de los animales, es una de las activistas más enérgicas en la protección de las focas, pero su apoyo público a Le Pen le ha debido pasar factura.
Viva Maria (Louis Malle, 1965)
Los amantes (Louis Malle, 1958)
Jeanne Moreau no era una recién llegada, tenía detrás una larga serie de películas y prestigio teatral. Pero fue Louis Malle, su amante en aquella época, quien la convirtió en la presencia irresistible que es, una mujer sensual, pero a diferencia de Bardot, inteligente y compleja. Malle las reunió en ¡Viva María!, un fracaso comercial que no llegó a alcanzar todas las expectativas. Las grandes películas que hicieron juntos son Ascensor para el cadalso, Los amantes, y Fuego Fatuo. Malle convirtió a la Moreau en una estrella. Con Truffaut, rodó otro de los títulos claves de la «nouvelle vague», Jules et Jim, y La novia vestía de negro. Con Moderato cantabile gana la Palma en Cannes. Se sentía más cómoda con estos jóvenes directores, a quienes admiraba, que en grandes producciones. Una de las más Grandes: La noche, Eva, Campanadas a medianoche, Diario de una camarera, Querelle, Hasta el fin del mundo, y El tiempo que queda.
-LOS DIRECTORES Y SUS MUSAS-.
Anna Karina y Fanny Ardant.
Anna Karina
Anna Karina era una modelo y cantante danesa, a la que Jean-Luc Godard convirtió en su musa y esposa, y en la estrella más chic de la «nouvelle vague». Se casaron durante el rodaje de la película Una mujer es una mujer, que es prácticamente un homenaje a ella y una muestra de su amor. Con este film ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Hasta que duró su matrimonio, fue la protagonista de muchos de sus proyectos: Vivir su vida, El soldadito, Banda aparte, Pierrot el loco, Lemmy contra Alphaville, Made in Usa y La chinoise: los mejores y más recordados de la carrera de ambos. Además, trabajó con Varda, Cléo de 5 à 7, con Rivette, en La religiosa o Suzanne Simonin, o con Visconti en El Extranjero. Rohmer, Fassbinder y la Justine de Cukor, junto a Anouk Aimée y Dirk Bogarde.
«Enseguida reconocí y aprecié en Fanny Ardant las cualidades que yo busco normalmente en los protagonistas de mis películas: vitalidad, valentía, entusiasmo, humor, intensidad y, al mismo tiempo, el gusto por lo secreto, un aspecto arisco, una pizca de salvajismo y, por encima de todo, algo vibrante».
Fanny Ardant procedía del ambiente teatral cuando conoció a François Truffaut, que la convirtió en su esposa, y musa de sus dos últimas películas: La mujer de al lado, con Gérard Depardieu, y junto a Jean-Louis Trintignant, en Vivamente el domingo. Desaparecido el impulso de Truffaut, ha ido haciéndose una más que estimable filmografía: en tres ocasiones con Alain Resnais, La vida es una novela, Muerte al Amor y Mélo, en todas junto a Sabine Azéma, chica Resnais. Un amor de Swann, de Volker Schlöndorff, La Familia, de Ettore Scola, Más allá de las nubes, la peli conjunta de Wenders y Antonioni, Agnés Varda, Margarethe von Trotta, Costa-Gavras, Sydney Pollack. Después de dos nominaciones por las películas de Truffaut, en 1996 gana el César con la comedia gay Todos están locas. De sus últimos trabajos hay que señalar el Ridícule, de Patrice Leconte, fue una de las 8 mujeres de François Ozon, y María Callas en la película de Franco Zeffirelli.
Fanny Ardant - A quoi sert de vivre libre (8 femmes, François Ozon)
La sirena del Mississippi (François Truffaut, 1969)
Catherine Deneuve también es descubierta por Roger Vadim, consagrada por Jacques Demy en Los paraguas de Cherburgo, y amante de Truffaut, con quien rodó La sirena del Mississippi y El último metro. Es otro de los grandes nombres lanzados por la «nouvelle vague» y, junto a la Moreau, la que mayor éxito ha tenido internacionalmente. Repulsión con Polanski, con Buñuel, Belle de jour y Tristana; una carrera muy larga, difícil de resumir: El ansia, Indochina, Bailando en la oscuridad, y 8 mujeres, donde la amante se encuentra con la viuda, la Ardant. Su imagen fría y distante, a mí, me deja frío y distante...
Las hermanas Dorléac, Françoise y Catherine Deneuve, en Las señoritas de Rochefort.
Françoise Dorléac, fue una de las primeras musas de la «nouvelle vague», pero su prometedora carrera se vio truncada trágicamente en 1967, al fallecer en accidente de coche. Vadim, Truffaut... Con Jacques Demy hizo su última película, Las señoritas de Rochefort, la única vez que trabajó con su hermana Catherine Deneuve. Debió ser ella quien le presentara a Polanski, con el que rodó Cul de Sac.
Anouk Aimée
Anouk Aimée fue la actriz favorita de Jacques Demy y Claude Lelouch. Cuando Demy la llamó para Lola llevaba diez años haciendo películas, pero fue toda una revelación. Era una película pensada para ella. La fama internacional le llegó con Un hombre y una mujer, el exitazo de taquilla de Lelouch, lo que hizo que Hollywood se fijara en ella para la adaptación de la novela Justine, dirigida por George Cukor. La hemos visto también en La dolce vita y 8½, de Federico Fellini, La tragedia de un hombre ridículo, de Bernardo Bertolucci, o Prêt-à-Porter, de Robert Altman.
Justine (George Cukor, 1969)
Stéphane Audran
Stéphane Audran estuvo casada con Claude Chabrol, actriz habitual de muchos de sus films como Pollo al vinagre, El escándalo, La ruptura, Relaciones sangrientas, Locuras burguesas, La mujer infiel. También eran de Chabrol: Las ciervas, con la que ganó el Oso en Berlín, y El carnicero, Concha de Oro en San Sebastián. En España rodó Hay que matar a B. de José Luis Borau. Con El discreto encanto de la burguesía de Luis Buñuel y Al anochecer, otra vez Chabrol, ganó el BAFTA británico; y el César francés con Violette Nozière, donde coincidía con una joven Isabelle Huppert, que se convertiría en la musa de la última época de Chabrol. Para los fans de Retorno a Brideshead, que sé que sois muchos, era Cara, la amante de Laurence Olivier en Venecia.
Hiroshima Mon Amour (Alain Resnais, 1959)
Emmanuelle Riva, actriz de teatro que debutó en el cine con esta película de Alain Resnais, se convirtió en otra de las actrices favoritas de los directores de la«nouvelle vague», a destacar también Thérèse y León Morin, padre, donde interpretaba a una joven viuda amargada que al entrar en una iglesia, a pesar de ser judía, comunista, y puede que lesbiana, se siente atraída inmediatamente por el joven sacerdote del pueblo (claro, era Jean-Paul Belmondo). La hemos visto también en pequeños papeles en Azul o Venús, Salón de belleza.
Delphine Seyrig en El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961)
Delphine Seyrig era la chica más cosmopolita de toda la «nouvellevague».Nace en Líbano Hija de un famoso arqueólogo, creador del Instituto Francés de Arqueología en Beirut, y de la aventurera Hermine Saussure, de los Saussure de toda la vida. Su familia, representando al gobierno francés en el exilio, se trasladó en 1942 a Nueva York. Buñuel cuenta en su autobiografía que la tuvo sentada en las rodillas cuando tenía diez años. Al terminar la guerra fue a estudiar a Francia, pero años después regresaría para asistir al Actor's Studio. Aún era una actriz desconocida cuando Resnais le propuso interpretar la mujer de El año pasado en Marienbad, sin embargo le había dado réplica al mismo Jack Kerouac en Pull my daisy, un film que ahora está considerado como un manifiesto de los Beats. Con Muriel se llevó la Copa Volpi de Venecia como mejor actriz, pero tuvo después una carrera irregular. Estaba acostumbrada a interpretar pequeños papeles, que afrontaba con el rigor del "método", apariciones estelares memorables: como la mujer casada que seduce a Antoine Doinel en Besos Robados, un viejo amor de Bogarde en Accidente, una vampira en El rojo en los labios. Con Buñuel fue la anfitriona de El discreto encanto de la burguesía, y una prostituta en La vía láctea. Marguerite Duras la convirtió en la protagonista de La música, e Indian Song. En los últimos años se había pasado a la dirección, y fue un miembro clave durante los 80 del grupo de cineastas feministas francesas más militantes. Murió en 1990 con 58 años.
decían que era La Garbo de la «nouvelle vague» (entonces... ¿La Moreau es La Dietrich?)
Sabine Azema es la compañera de Alain Resnais desde los años 80. Actriz habitual de sus films. De sus siete nominaciones a los César (lo ha ganado en dos ocasiones), 4 eran películas de Alain Resnais: La vie est un roman, Smoking/No Smoking, Meló, y On connaît la chanson. También es la protagonista de su último trabajo, Les herbes folles, que acaba de recibir el Gran Premio del Jurado en el reciente Festival de cine de Cannes, 50 años después de que recibiera otro similar por Hiroshima mon amour.
Les herbes folles (Alain Resnais, 2009)
ellas fueron cambiando... ellos son siempre los mismos.
Céline y Julie van en barco (Jacques Rivette, 1974) Juliet Berto y Dominique Labourier
Le pont du Nord (Jacques Rivette, 1981) Bulle Ogier y Pascale Ogier
Marie Rivière en El rayo verde (Eric Rohmer, 1986)
Sandrine Bonnaire e Isabelle Huppert en La ceremonia (Claude Chabrol, 1995)
El provocador cantante francés Serge Gainsbourg, además de haber escrito canciones para Françoise Hardy, Juliette Gréco y Petula Clark, o en 1965 ganar Eurovisión con France Gall, compuso algunos de los títulos emblemáticos de la "carrera musical" de Brigitte Bardot, como Harley Davidson, o a dúo en Comic Strip, o la historia de Bonnie Parker and Clyde Barrow. Gainsbourg, con quien tenía un romance en aquel momento, también es el responsable de que el mundo la conociera simplemente por sus Iniciales BB, canción que escribió al finalizar su relación.
También compuso para la Bardot Je t'aime... moi non plus: la grabó con ella pero, por petición suya, esa grabación permaneció oculta durante mucho tiempo. Después, la grabó con su siguiente novia, Jane Birkin -la verdadera chica Gainsbourg- e interpretaron a dúo la polémica Je T'aime... Moi Non Plus. La canción se hizo superfamosa, fue considerada pornográfica en su época, y hubo película del mismo título dirigida por él mismo, ...y con ¡Little Joe D'Alessandro!; Comment Te (Lui) Dire Adieu, otro éxito Gainsbourg de Françoise Hardy con Jane Birkin; y una inglesa Marianne Faithfull, Hier ou demain, en la película Anna, con Jean-Claude Brialy uno de los actores más emblemáticos de la «nouvelle vague», y la musa Anna Karina.
y esta sí que es una chica Gainsbourg, 100%, un pequeño escándalo, que removió a la sociedad francesa más puritana, que al mismo tiempo fue enormemente permisiva con sus habituales salidas de tono.
Serge Gainsbourg y Charlotte Gainsbourg - Lemon Incest
Charlotte Gainsbourg, hija de Serge y Jane Birkin, ha ganado el premio a la mejor actriz del 62 Festival de Cine de Cannes por la polémica Anticristo, de Lars Von Trier. El jurado, presidido por Isabelle Huppert, le otorgó la Palma de Oro a Michael Haneke. La Huppert es de las pocas actrices que se ha llevado dos veces el premio de interpretación (con Violette Nozière, de Chabrol, y La pianista, del propio Haneke). El jurado también ha concedido un premio especial por toda su trayectoria a Alain Resnais, 50 años después de recibir el premio de la Crítica por Hiroshima mon amour. La otra película francesa Un profeta, de Jacques Audiard, que era la gran favorita, se lleva el Gran Premio del Festival.
De izquierda a derecha, y de abajo a arriba: François Truffaut, Raymond Vogel, Luis Felix, Edmond Séchan; Edouard Molinaro, Jacques Baratier, Jean Valére; François Reichenbach, Robert Hossein, Jean-Daniel Pollet, Roger Vadim, Marcel Camus; Claude Chabrol, Jacques Doniol-Valcroze, Jean-Luc Godard y Jacques Rozier.
Se cumplen 50 años de esta histórica fotografía, en el Palais del Festival de Cannes, que supuso el bautismo oficial de la influyente Nouvelle Vague francesa. Desconozco algunos de los nombres, y faltan muchos importantes. Otros, como Marcel Camus, ganador de la Palma de Oro, no debería incluirse entre este grupo de cineastas. Orfeo Negro, que también ganó aquel año el Oscar a la mejor película extranjera, ha envejecido mucho peor que Los cuatrocientos golpes de François Truffaut, o la impactante Hiroshima mon amour, de Alain Resnais. En la edición de Cannes'59 competían también Luis Buñuel, con Nazarín, y Jack Clayton, George Stevens, Michael Powell o Richard Fleischer.
«El nacimiento de una nueva vanguardia: la cámara pluma»
Pero la nueva ola francesa no surge de repente en el año 59, es el resultado de un largo proceso que se inicia en la inmediata posguerra cuando aparecen los primeros síntomas de descontento: el cine francés de la época calcaba los métodos de producción de Hollywood, las películas debían de ajustarse a fórmulas que habían funcionado ya con éxito; frente a esto, los grandes realizadores, como Renoir, Welles o Bresson, utilizaban la cámara como un escritor su pluma. Estas ideas se desarrollan después en un artículo de Andre Bazin, fundador de la revista Cahiers du Cinéma. Además, el desarrollo tecnológico hacía posible todo esto: los equipos cinematográficos son mucho más ligeros y fáciles de manejar, la cámara se puede llevar al hombro, lo que permitía el rodaje en exteriores. Hoy es difícil entender el enorme paso que se dio entonces en la evolución del lenguaje cinematográfico, y su influencia en todo el cine posterior. Supieron aprovechar las novedades técnicas para romper con la narrativa dickensgriffithiana tradicional: los movimientos de cámara, saltos de raccorden el montaje, interpelaciones directas al espectador... a su manera, cada uno reflejaba sus preocupaciones estéticas con el objetivo de seguir avanzando en las posibilidades del cine, con la intención de abordar cuestiones metafísicas o psicológicas, como se había hecho antes en la literatura. La génesis de la Nouvelle Vague está precisamente en Cahiers du Cinéma, creada por André Bazin en 1951, donde nace la teoría de "cine de autor": un auténtico cineasta debía saber transformar materiales ajenos en suyos, e introducir su propia visión del mundo en los personajes y las situaciones que se presentan. Estas ideas serían desarrolladas después por los jóvenes críticos de la revista, como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Eric Rohmer y Jacques Rivette, los jóvenes turcos, llamados así por los palos que dieron al cine francés de qualité de la época. Sin embargo, a través de sesudos análisis de sus obras, contribuyeron a elevar a categoría de autor a Hitchcock, Ford, Tourneur o Hawks, considerados hasta entonces como simples artesanos al servicio de la industria hollywoodiense. A partir de este momento, las películas dejan de ser del productor y del estudio; y el Director se convierte en la estrella.
“El rostro del cine francés ha cambiado”
Jean-Luc Godard, 22 de abril de 1959
Y en 1959, todos ellos dan el paso a la realización. El bello Sergio de Claude Chabrol tiene el honor de ser considerado el primer film adscrito al movimiento. Durante aquel año, todos los nuevos filmes distribuidos en Francia aparecen ya bajo la bandera de la Nouvelle Vague: Los cuatrocientos golpes de François Truffaut, y Hiroshima mi amor de Alain Resnais -que después se distanciaría de ellos, el único que no escribió en Cahiers-, llegan a Cannes con esa etiqueta. Jean-Luc Godard rodaba en esos momentos Al final de la escapada. Son también del mismo año los primeros largometrajes de Eric Rohmer, El signo del león, y de Jacques Rivette, París nos pertenece. Y Pierre Kast, o Jacques Doniol-Valcroze, todos procedentes de la crítica cinematográfica. Existen otros cineastas que no vienen de la revista Cahiers -algunos proceden del documental-, pero comparten los mismos valores, como Agnès Varda, Jacques Demy, Jean Rouch, Georges Franju, Jacques Rozier, o Claude Berri. Hay que tener también en cuenta a Louis Malle, Roger Vadim, Maurice Pialat, incluso Jacques Tati, que nunca se integraron en el movimiento, pero lo enriquecieron y contribuyeron a su expansión. Esta explosión de creatividad no se hubiera producido sin la creación de las ayudas públicas, un anticipo sobre taquilla, que facilitó la producción de un centenar de largometrajes entre 1958 y 1962 de directores noveles.
Los cuatrocientos golpes
No es difícil imaginar a François Truffaut detrás de la mirada de Antoine Doinel, el chico protagonista de Los cuatrocientos golpes: como la suya, tuvo una infancia difícil, solitaria, sin padre, rechazado por la madre, fugas del colegio para colarse en salas de cine, reformatorios... A los 15 años fundó su propio cine-club, y al poco tiempo conoció a Andre Bazin, su mentor y padre espiritual, a quien está dedicada la película: gracias a él empezó a escribir muy joven en Cahiers, llegando a ser conocido como el enfant terrible de la crítica francesa. Con su primera película intenta poner en práctica el concepto de "autor" que había defendido en su etapa de crítico: el director debía de identificarse con el mundo que quería plasmar, y aquí la identificación no puede ser más completa, su propia infancia y memoria. Conforme a su propia teoría, un cineasta se expresa en toda su plenitud en los tres primeros films, luego se limita a reelaborar los mismos temas una y otra vez hasta el infinito. En su ópera prima y las dos siguientes, Disparad al pianista y Jules y Jim, están todas sus obsesiones: la infancia salvaje, las mujeres de al lado, el amante del amor, la soledad y la fugacidad de la felicidad.
Truffaut encontró a Jean-Pierre Léaud, un joven problemático como él, lo convirtió en Antoine Doinel, su propio alter-ego: Truffaut/Doinel/Léaud hicieron una serie de filmes que supone la trayectoria cinematográfica más fascinante de un mismo personaje a través de la obra de un director: el amor y el sexo en El amor a los 20 años, y Besos Robados, el matrimonio en Domicilio conyugal, y el divorcio en El amor en fuga. "Antoine Doinel es todavía el mismo personaje, bastante cerca de mí sin ser yo, bastante cerca de Jean-Pierre Léaud sin ser él. El personaje de ficción Antoine Doinel es, pues, una mezcla de dos personajes reales, François Truffaut y Jean-Pierre Léaud".
Al final de la escapada
«incluso antes de estrenar su primer largometraje Godard estaba sentando las bases del cine moderno»
Esteve Riambau
Jean-Luc Godard (como Truffaut, que fue co-guionista) devoraba cine americano. Como buenos cinéfilos, muchos de ellos recurrieron al cine de género en sus primeras películas. Al final de la escapada, se inscribe dentro del cine negro, su favorito, pero aplicando los principios del cine de autor. No es frecuente que un movimiento de vanguardia acepte las exigencias comerciales de la industria cinematográfica, también fueron originales en esto, pero no por ello estaban dispuestos a rechazar la idea de autor que proponían. La estructura está dividida en tres partes bien diferenciadas: un principio que respeta fielmente las reglas del género, una parte central para la reflexión -entre la acción y la violencia- con largas conversaciones entre Belmondo y Seberg, y una parte final trepidante con un poco de las dos cosas. Por un lado, homenajea al policíaco y el cine de gángsters de serie B, pero al mismo tiempo quiere ser una deconstrucción crítica de los mecanismos de esas películas, por lo que tiene ese tono paródico.
"Yo quería tomar una historia convencional y rodarla de manera completamente distinta a cómo se había hecho antes. Quería dar la sensación de que las técnicas cinematográficas se acababan de descubrir". "Pensaba en términos puramente cinematográficos. Para algunos planos me inspiré en las películas de Preminger, Cukor, etc... Y el personaje interpretado por Jean Seberg es una continuación de su papel en Buenos días, tristeza". "A los actores apenas les indicaba detalles, ya que quería extraer de ellos sólo los gestos y movimientos esenciales. En realidad, la película es un documental sobre Jean Seberg y Jean Paul Belmondo". Belmondo es un espejo deformado de los personajes de Humphrey Bogart (le imita en varias ocasiones): Michel Poiccard es una especie de negativo del mítico Bogart, como si Philip Marlowe se hubiera pasado al otro lado de la Ley.
Los directores de la Nouvelle Vague sacudieron el cine francés de moho y paja con films muy personales, poblados de citas cinéfilas y referencias culturales: Howard Hawks, Nicholas Ray, Samuel Fuller; Jean-Pierre Melville es elegido para interpretar a un famoso escritor. Pero, ninguna película con tan clara voluntad de modernidad como ésta, el de experimentar para destruir las convenciones del lenguaje cinematográfico pre-fijado. Godard, y los miembros más radicales del grupo, incluyen en todas sus películas una crítica al pasado y presente del cine: rechazaban todo lo que había de inútil y obsoleto en la Historia del Cine, mantenían lo que les seguía pareciendo muy válido, e intentaban abrir nuevas vías para investigar otras posibilidades.
Hiroshima mon amour
Además del cine de autor, en esta década surgen otros conceptos como el cine de arte y ensayo o el contra-cine. Godard y Rivette fueron evolucionando hacia ello, pero un lugar destacado merecería Alain Resnais quien, después de diez años realizando cortometrajes, lleva hasta el extremo la idea del cine como arte del tiempo y el espacio, en películas como El año pasado en Marienbad o Hiroshima mon amour: http://unviajeimposible/2007/08/hiroshima-mon-amour Aparecen otros realizadores, que también llevaron hasta el límite la experimentación cinematográfica: Crónica de Anna Magdalena Bach, del matrimonio Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, una biografía de J.S.Bach cuya protagonista es su propia música, como materia estética, no como puntuación ni como acompañamiento; la Lola de Jacques Demy, preciosa Anouk Aimée; la innovación formal de Chris Marker, en La Jetée, una paranoia futurista de 29 minutos contada casi en su totalidad con foto fijas, que el propio Marker llamaba «fotonovela»; Jean Rouch que profundizó en las posibilidades del documental; y más... Alain Robbe-Grillet, Jean-Pierre Mocky, Alain Cavalier.
En el principio era el verbo y el verbo no era dios eran las palabras frágiles transparentes y putas cada una venía con su estuche con su legado de desidia era posible mirarlas al trasluz o volverlas cabeza abajo interrogarlas en calma o en francés ellas respondían con guiños cómplices y corruptos qué suerte unos pocos estábamos en la pomada éramos el resumen la quintaesencia el zumo ellas las contraseñas nos valseaban el orgasmo abanicaban nuestra modesta vanidad mientras el pueblo ese desconocido con calvaria tristeza decía no entendernos no saber de qué hablábamos ni de qué callábamos hasta nuestros silencios le resultaban complicados porque también integraban la partitura excelsa ellas las palabras se ubicaban y reubicaban eran nuestra vanguardia y cuando alguna caía acribillada por la moda o el sentido común las otras se juntaban solidarias y espléndidas cada derrota las ponía radiantes porque como sostienen los latinoamericanos del boul mich la gran literatura sólo se produce en la infelicidad y solidarias y espléndidas parían adjetivos y gerundios preposiciones y delirios con los cuales decorar el retortijón existencial y convertirlo en oda o nouvelle o manifiesto las revoluciones frustradas tienen eso de bueno provocan angustias de un gran nivel artístico en tanto las triunfantes apenas si alcanzan logros tan prosaicos como la justicia social
en el después será el verbo y el verbo tampoco será dios tan sólo el grito de varios millones de gargantas capaces de reír y llorar como hombres nuevos y mujeres nuevas
y las palabras putas y frágiles se volverán sólidas y artesanas y acaso ganen su derecho a ser sembradas a ser regadas por los hechos y las lluvias a abrirse en árboles y frutos a ser por fin alimento y trofeo de un pueblo ya maduro por la revolución y la inocencia. Letras de emergencia.
Seguro que muchos tendréis algún poema de Mario Benedetti guardado en la memoria.
¿Qué pasaría?
¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría?
¿Qué pasaría si de pronto una injusticia, sólo una, es repudiada por todos, todos los que somos, todos, no unos, no algunos, sino todos?
¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?
¿Qué pasaría si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos?
¿Qué pasaría si yo pidiese por ti que estás tan lejos, y tú por mí que estoy tan lejos, y ambos por los otros que están muy lejos y los otros por nosotros aunque estemos lejos?
¿Qué pasaría si el grito de un continente fuese el grito de todos los continentes?
¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?
¿Qué pasaría si rompemos las fronteras y avanzamos y avanzamos y avanzamos y avanzamos?
¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas para tener sólo una, la nuestra, la de todos, o mejor ninguna porque no la necesitamos?
¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos?
......................
Somos los libros que hemos leído, las películas que hemos visto, las canciones que amamos. Somos nuestros amigos y nuestros maestros. Los viajes que hicimos y los amores que tuvimos. Somos en un espacio y en un tiempo.....
Somos AQUI y AHORA.
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