
Manifestación, Antonio Berni

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Raphael — La canción del Trabajo
Shirley Bassey es la cantante sin edad, gran dama de la canción, aún con una voz prodigiosa, popularizó dos de los himnos gays clásicos por excelencia: This is my life y I am what I am, intérprete de las dos canciones más emblémáticas de la serie James Bond: Goldfinger y Diamonds are forever. Y, por iniciativa de Daniel Craig -con muy buen criterio-, ha estado a punto de ser por cuarta vez la responsable del tema principal de la serie, con The living tree, primer single de su último álbum. Ningún cantante británico lleva tanto tiempo sobre los escenarios, más de 55 años, aunque se medio retiró en los años 80 por problemas personales. ((Pero no, no se había retirado, cogió sus pelucas y sus plumas, y recorrió "de gira" algunos de los peores antros de españa, y ahí estuve yo como una groupie, per-siguiéndo-la durante algunos meses. Me sé muchos de sus playbacks, conozco todos sus gestos, "su estilo, su espíritu...": esto dedicado a los que todavía dicen que nunca cuento nada personal.)) Sin embargo, durante esta última década se ha prodigado en colaboraciones con músicos jóvenes: History Repeating, con los Propellerheads, para la banda sonora de Algo pasa con Mary; en el 2005 grabó una versión del Diamonds are forever con Kanye West; y el año pasado publicó un disco con nuevas grabaciones de algunos de sus éxitos y versiones de otros temas, como el Get the Party Started de Pink, que da título al álbum.
Liza Minelli sí que ha tenido una infancia difícil (...la de M.Jackson a su lado fue un cuento de hadas), su biografía en sí misma: se dice que nació con el síndrome de abstinencia, esto ya para empezar ...el viaje; la disciplina a la que fue sometida de niña fue aún más rigurosa que la que sufrió la Garland del cabrón de su padre, y lo repitió con sus hijos, sobre todo con Liza que estaba destinada a seguir sus pasos. Algunos de los vídeos que se pueden ver en youtube dan miedo, como este en el que Judy Garland presenta a su hija Liza en Londres en 1964: ríete tú de Sonata de otoño o Becky del Páramo y su hija Rebeca. Se ha casado cuatro veces, con cuatro homosexuales como su padre y abuelo, cuatro friki-fans de su madre (o Cabaret), que le robaban sus pelucas, se ponían sus vestidos y la obligaban a cantar Somewhere over the rainbow, día y noche, entre pedo y pedo. Maybe next time, Liza. Ha tenido todos los grandes premios: el Oscar, globos, tonys, grammys, emmys, pero siempre la recordaremos y amaremos por ser la mejor Sally Bowles posible. En los años 80 resurgió de sus cenizas gracias a los Pet Shop Boys, que compusieron para ella el álbum Results, y al éxito de Losing my mind, que siempre había creído que había sido escrita por ellos, y descubro gracias al blog El circo de los monos rojos, que es un tema compuesto mucho antes por el famoso compositor de teatro musical y bandas sonoras Stephen Sondheim.
Los fans de Bunbury me arañarán pero confieso que me parece la versión perfecta: no sé quién tuvo la excéntrica idea de unirlo con Raphael, pero dio en el clavo. Debe ser frustrante: toda la vida intentando emular a Mick Jagger o, cada vez más, a Bob Dylan, y en realidad, a quien más te pareces es a Raphael, en el exceso, en lo histriónico, en que ambos gozan de un ego dequetecagas... Si se trata de elegir, Bunbury sale perdiendo... A Raphael se le ama o se le odia, incluso las dos cosas al mismo tiempo, pero en definitiva es eso lo que nos pasa con las grandes divas del cine o de la música. Son mujeres de fuerte carácter, con gran personalidad y cierta tendencia a la tragedia o al melodrama, diosas inmortales o unas supervivientes, modelos con los que poder identificarse o no, que aplaudimos o criticamos según cada cual, pero que nunca dejan indiferentes.