Saturday, May 18, 2013

Eurovisión 2013

Bonnie Tyler

Somos muchos los que consideramos al Festival de Eurovisión como el Gran Programa de TV del año (con permiso de la cita anual de los Oscars, o los Goya para algunos frikis del cine español como servidor). Este año con el aliciente de contar con una gran estrella, que no es algo habitual, como Bonnie Tyler: Believe in me no ganará, pero será un puntazo verla sobre el escenario de Malmö.
De todo lo que he podido escuchar me gustan mucho las propuestas de Francia y Hungría, que tampoco ganarán, por poco festivaleras. Ni pertenecen al lobby soviético que han logrado apear de la final a todos los países balcánicos. Dicen que Dinamarca es la clara favorita para ganar este año. Pero yo apostaré en la porra por Noruega, que es mi favorita a la espera de que salte la sorpresa.


Margaret Berger - I Feed You My Love (Noruega, 2013)

Wednesday, May 15, 2013

El «landismo»

El landismo no ha muerto, se ha quedado a vivir para siempre entre nosotros

Fueron, sí, los años del landismo.

A veces ocurre que un actor escapa
a la calificación profesional para
trascender hacia un arquetipo social:
James Dean respecto de la juventud
americana de los 50.
Yves Montand respecto del gauchisme
francés. ...Y así.



Landismo.— es la manera singular y original de ocupar un lugar en la España de los 60/ 70's, donde no había lugar para nadie. Es la españolía media y masculina, conjunto de gente bajita y reprimida, que no tenían gran interés ni como conjunto ni como gente, salvo en el cine —desde Masó a Dibildos, pasando (si es imprescindible) por la tercera vía—, metaforizada por un gran actor navarrico y feo, Alfredo Landa. Y, finalmente, reflejar, mediante todo eso, una realidad social que se les escapaba a los sociólogos. Sí, el landismo éramos nosotros.

El landismo, desocupado lector, era ir en la vespa de un amigo a ligar a los bares bolera. El landismo era tener un niki de diario y otro para los domingos. El landismo era ser ayudante de un cirujano callista y hacerse llamar podólogo. El landismo era creer que todas las mujeres son huidizas por naturaleza -cuando viene a ser al contrario-, y que los calzoncillos de guardameta de los años treinta las erotizan mucho. El landismo era creerse chiquito, pero no matón. El landismo era luchar día a día contra el medio, sin plantearse nunca el problema total, histórico, mitológico, de la adversidad del medio. El landismo era ir a ver películas de Alfredo Landa y no reconocerse en ellas, o resolver la catarsis en risa, "como expresión de lo reprimido": para eso estaba ahí Alfredo Landa, para reunir en sí todas las frustraciones nacionales, generacionales, todas nuestras frustraciones, salvándonos a nosotros de ellas, así, durante hora y media de película y cachondeo.
El landismo era usar camiseta en toda época del año, estar enamorado de Mirta Miller o de alguna otra latinoché pionera, o de María Luisa San José; el landismo era que María Luisa San José se fugase con Pepe Sacristán hacia un horizonte de inmobiliarias y cómodos plazos, mientras uno se quedaba tomando copas con el vecino más solitario de la calle; el landismo era un querer abrirse paso a pie, a codazos, en vespino, como fuese; el landismo se hace adulto con Summers y se politiza con Bardem. El landismo, en fin, éramos nosotros.
Francisco Umbral
http://elpais.com/diario/1984/06/18/opinion/456357614_850215.html


Manolo la Nuit (Mariano Ozores, 1973)

—El landismo consistía en salir mucho en calzoncillos persiguiendo señoritas.
Alfredo Landa



El puente (Juan Antonio Bardem, 1977)

El Crack (José Luis Garci, 1981)

El bosque animado (José Luis Cuerda, 1987)

La luz prodigiosa (Miguel Hermoso, 2003)

El Quijote de Miguel de Cervantes
(Manuel Gutiérrez Aragón, 1991)


Los santos inocentes (Mario Camus, 1984)

Alfredo Landa logró algo tan excepcional durante una larga época como convertir su trabajo y la personalidad de los personajes que habitaban ese cine en un identificable género. También en un terreno sabroso para la sociología. Desde la compartida oscuridad de los cines las risas y las carcajadas confirmaban la plena identificación del pueblo llano con las aventuras y desventuras, el hambre de sexo y de afirmación, los traumas y los anhelos de aquel señor bajito e histriónico, gesticulante y verborreico, peleón y gimoteante, paleto y excesivo, voyeur patético, caricaturesco y compadecible, que Landa transformó en un símbolo. Y aunque la estética y el mensaje de este cine sin sentido del ridículo fueran cochambrosos, él hacía modélicamente su trabajo, sin permitirse jamás el relajamiento, comiéndose la pantalla y a los que tuvieran que darle la réplica, derrochando gracejo, en posesión permanente de esa cosa tan necesaria llamada ritmo, clavando los diálogos, las miradas, los gestos y los movimientos. Por mi parte, no siento la menor añoranza del landismo, del cutrerío de aquellas comedias tan satisfechamente subdesarrolladas, del aroma a tantas cosas execrables, tópicos vergonzantes y actitudes rancias de aquel país indeseable, pero negar la eficacia, el talento y la profesionalidad del protagonista más destacado de aquel cine sería tan injusto como idiota.

(...) Pero hay un papel de Landa que seguirá conmoviendo a perpetuidad a todo tipo de espectadores. Se lo ofreció Mario Camus en esa película terrible y magistral titulada Los santos inocentes, una de las incuestionables obras maestras que ha dado el cine español, y Landa le devolvió el regalo con una interpretación memorable. Recordar o volver a visitar a su Paco el Bajo, a ese campesino permanentemente explotado y humillado, resignado a la desolación, inocente ancestralmente en su servilismo, infatigable y perruno rastreador de las piezas que caza su brutal señorito, víctima muda, cojitranco y expresando con sobriedad y sabiduría mediante sus ojos y su gestualidad los sentimientos más variados, provoca siempre el escalofrío, la piedad, la indignación moral.
Carlos Boyero, El País.com
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/09/actualidad/1368129309_977586.html

Wednesday, May 01, 2013

1º de Mayo

El País.com



Gossip — Get A Job

Friday, April 26, 2013

Drôle de Félix


Félix es un joven de origen magrebí, en paro y seropositivo, que vive con su novio en Dieppe, ciudad costera del Norte de Francia, junto al Canal de la Mancha. Al fallecer su madre, ordenando entre sus cosas, descubre una carta con remite desde Marsella de su verdadero padre, a quien nunca ha conocido y quiere conocer.
Entonces, emprende viaje hacia Marsella, tan sólo con su medicación y una cometa de colores arcoíris como único equipaje, y con el firme propósito de atravesar el país de punta a punta en autostop sin pasar por ninguna de las regiones en las que haya ganado las elecciones la extrema derecha, rodeándolas si hiciera falta, aunque ello le lleve mucho más tiempo. En Rouen, su primera parada, es testigo de un ataque xenófobo que no se atreverá a denunciar.
Por el camino irá encontrándose con diferentes personajes a los que se les presenta como su hermano, su primo, su abuela... una especie de familia ideal que Félix irá formando y eligiendo él mismo durante esta aventura vital: un estudiante de Arte, la mujer con tres hijos de tres padres diferentes, el viejo pesacador...


su hermano

su primo

Dirigida por Olivier Ducastel y su pareja Jacques Martineau.
A Sami Bouajila también le vimos en Los testigos de André Téchiné, por la que ganó un César como mejor actor de reparto.
René Magritte

liberté 

egalité 

fraternité



Scènes de lit (The Virgins) (François Ozon, 1998)
Con Jérémie Elkaïm y Sébastien Charles

Tuesday, April 23, 2013

La Sonrisa Etrusca


—¿Por qué reían de esa manera tan..., bueno, así?
¡Y encima de su tumba, además!

—¿Quiénes?
—¡Quiénes van a ser! ¡Los etruscos, hombre, los del sepulcro!
¿En qué estabas pensando?

—¡Vaya por Dios, los etruscos!...
¿Cómo puedo saberlo? Además, no reían.

—¡Oh, ya lo creo que reían! ¡Y de todo, se reían! ¿No lo viste?... ¡De una manera...! Con los labios juntos, pero reían... ¡Y qué bocas! Ella, sobre todo, como... —se interrumpe para callar un nombre (Salvinia) impetuosamente recordado.
El hijo se irrita. «¡Qué manía!
¿Acaso la enfermedad está ya afectándole al cerebro?»

—No reían, padre. Sólo una sonrisa. Una sonrisa de beatitud.
—¿Beatitud? ¿Qué es eso?
—Como los santos en las estampas, cuando contemplan a Dios.
El viejo suelta la carcajada.
—¿Santos? ¿Contemplando a Dios? ¿Ellos, los etruscos? ¡Ni hablar!
Su convicción no admite réplica. (...) «Este hijo mío...», piensa el viejo. «¿Cuándo llegará a saber de la vida?»
—Los etruscos reían, te lo digo yo. Gozaban hasta encima de su tumba, ¿no te diste cuenta?... ¡Vaya gente!

La sonrisa etrusca


La mente del viejo se queda en suspenso, cavilando: acaba de decir una verdad que nunca antes se le había ocurrido. Cuando sobrevenía una muerte la casa parecía decirles en su silencio: «No os apuréis, aquí quedo yo en pie, siempre, para que sigáis viviendo vosotros.» Eso decía, sí, y además, además...
«¿Sabes, angelote mío? Ahora descubro que nuestras casas no chochean como yo te decía; es que nos hablan de los demás para que sepamos vivir juntos y hacernos todos compañeros, como partisanos en esta guerra que es la vida, porque un hombre sólo no es nada... Eso nos enseñan ellas y por eso, en estas casas muertas de Milán, no se aprende a vivir juntos... ¡Esos rascacielos que le gustan a la Andrea, llenos de gente sin conocerse, sin hablarse, como reñidos! Si hay un fuego, ¿qué?, pues ¡salvese quien pueda!... ¡Así resultan todos: medio hombres, medio mujeres!»
El viejo se asombra de su inesperado descubrimiento y se arrodilla junto a la cuna. Entonces, en su impulso, sí que llega a mover los labios, susurrando audiblemente:
—¡Ahora lo veo claro, niño mío a lo que vengo cada noche!, a hacer aquí una casa nuestra dentro de ésta, a vivir juntos tú y yo, compañeros de partida... Si esta gente no sabe vivir, tú si lo sabrás, porque yo sé... Es a eso, pero nunca se me había ocurrido, sólo ahora, justo a tu lado... Es que a tu lado aprendo, compañero, ¡que cosa!, yo también de ti. No sé cómo, pero me enseñas... ¡Ay, Brunetino mío, milagro mio!
José Luis Sampedro

Friday, April 19, 2013


Keith Carradine — I'm easy
Nashville (Robert Altman, 1975)

Thursday, April 11, 2013

5 Bigas 5













Las edades de Bigas Luna


Jamón, jamón, 1992.—
Puede que no sea una obra maestra, pero se le parece bastante. Abre así su Trilogía ibérica, con la que logra fusionar sus dos pasiones: el sexo y la gastronomía, y da rienda suelta a su particular inventario de algunos de los iconos y símbolos patrios: el jamón y la tortilla de patata, la paella y los huevos fritos. La corrupción urbanística, Julio Iglesias, el flamenco y los toros a la luz de La teta y la luna. Nunca le agradeceremos lo suficiente que descubriera el talento para el cine de Javier Bardem y Penélope Cruz. Con la maravillosa Anna Galiena, como regalo. Es su peli más aplaudida.



Bilbao, 1978.—
Para Roman Gubern, gurú de la cosa esta del Cine, “La deslumbrante irrupción de Bilbao en el paisaje cinematográfico español supuso una saludable conmoción en los días turbulentos de la transición política española hacia la democracia”. Angel Jové, el que fuera su actor fetiche en la primera época, está obsesionado con la prostituta Bilbao, interpretada por Isabel Pisano. Su posesivo amor es el que le lleva, igual que en ¡Atame!, a secuestrarla y atarla. Rodada en 16 mm, sin apenas presupuesto, casi se queda olvidada en el cajón. Gracias a Marco Ferreri, gran defensor del film, Bilbao se presentó en Cannes'78, y pudo estrenarse en Italia. De ella, dijo El País: “Experimento visceral y violento empeñado en alcanzar el límite”.



Lola, 1986.—
La primera película que vi de Bigas Luna. Lola es una chica de pueblo que trabaja en una fábrica de zapatos, le gustan los melocotones, y mantiene una relación insana, casi animal, con Mario. Huye a Barcelona, rehace su vida, pero el pasado siempre vuelve, y a ella le va la marcha... Una fascinante Angela Molina, con la que estuvo a punto de repetir en Las edades de Lulú, pero al francés de su marido no le gustó nada el alto contenido sexual del guión. Feodor Atkine da mucho miedo, la complicidad de la entonces pareja Patrick Bauchau y Assumpta Serna, y Ariadna Gil en su primerísima película. Hay que reconocer que tenía una habilidad especial para descubrir caras nuevas. Además de los ya citados, Jordi Mollà, Verónica Echegui, Francesca Neri o Biel Durán.



Angustia, 1987.—
Con Angustia cierra la Trilogía negra, que conformarían Bilbao, Caniche, y ésta. Una película que trata de un psicópata que ve una película sobre un psicópata que vive dominado por su madre, la poseedora de la mayor colección de ojos de la ciudad. Cine dentro del cine, una experiencia hipnótica, películas que caben dentro de otras, como muñecas rusas. Se intentó que Bette Davis interpretara a la madre, pero finalmente lo hizo Zelda Rubinstein, la conocida medium de Poltergeist. Un lujo para el cine español. También dirigió, entre otros, a Dennis Hopper, Benicio del Toro, Anita Ekberg o Stefanía Sandrelli.



La camarera del Titanic, 1997.—
Segunda película de la inacabada Trilogía italiana, que inicia con Bámbola (aunque yo las encuentro las más diferentes). Casi pasó desapercibida, nos muestra un Bigas elegante, en un film de época, alejado bastante de sus excesos habituales. Un obrero gana una carrera cuyo premio es una noche de hotel para poder asistir a la botadura del Titanic y verlo zarpar. Allí, pasará la noche con una misteriosa joven que dice ser una camarera del Titanic, no tiene alojamiento, y debe embarcar en unas horas. Tengo especial cariño a esta peli, no sólo por Olivier Martínez, que también, sino por dos de los momentos más bellos de toda su obra: la carrera del principio, y el final, con una botella de champán, fálica, como no podía ser de otro modo en el cine de Bigas Luna. Marca de la casa.