Showing posts with label Vladimir Nabokov. Show all posts
Showing posts with label Vladimir Nabokov. Show all posts

Tuesday, March 24, 2009

despertando a los sentidos












¿Puede ser mirado quien sólo mirada es?

Kashmarin había eliminado otra imagen de Smurov.
¿Qué importa cuál? Pues yo no existo; sólo existen
los millares de espejos que me reflejan...
Y, sin embargo, soy feliz. Sí, feliz. Lo juro, juro que soy feliz. He comprendido que la única felicidad de este mundo consiste en observar, espiar, vigilar, escudriñar a los demás y a uno mismo, no ser más que un gran ojo, ligeramente vidrioso, algo inyectado en sangre, fijo. Juro que esto es la felicidad. Qué importa que sea un poco bajo, un poco engañoso y que nadie aprecie todas las cosas notables que hay en mí: mi fantasía, mi erudición, mis dones literarios... Soy feliz de poder mirarme a mí mismo.












Escuchar es una aplicación que envejece las facciones, contrae los músculos del cuello, y atiranta los párpados a fuerza de tener la vista fija en quien habla...
Es una especie de orgía estudiosa... No solamente escuchar, sino traducir... Elevar hasta su secreto significado una letanía de palabras apagadas y la acrimonia hasta el dolor, hasta los celos salvajes.
Lo puro y lo impuro, Colette










Sentía su excitación, que era aún mayor porque... lo que excitaba el alma era precisamente que el cuerpo actuara en contra de su voluntad, que la traicionara y que ella estuviera presenciando aquella traición. ...Se quedó completamente desnuda. El alma veía el cuerpo desnudo en brazos de otro hombre y le parecía increíble, como si estuviera mirando de cerca al planeta Marte. El resplandor de lo increíble hacía que su cuerpo perdiera para ella, por primera vez, su trivialidad; por primera vez lo miraba hechizada; todo lo que tenía de personal, de único, de inimitable, se ponía de manifiesto. No era el más vulgar de todos los cuerpos (tal como lo había visto hasta ahora), sino el más extraordinario.
La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

Wednesday, June 04, 2008

Lolita



Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. li. ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que la tuvo. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiese amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los errados, simples y noblemente alados serafines envidiaron. Mirad esta maraña de espinas.

Así empieza Lolita: el clásico de Vladimir Nabokov de 1955, y debajo la primera versión cinematográfica, dirigida por Stanley Kubrick siete años más tarde, con guión del propio Nabokov. La novela, que es mucho más explícita que la película, fue acusada injustamente de pornográfica y tuvo muchos problemas de censura en los Estados Unidos, sin embargo Kubrick logra captar su esencia en un único y simbólico plano en los maravillosos títulos de crédito (que son uno de mis favoritos de toda la Historia del Cine). Dos maneras muy distintas de iniciar el mismo relato: y dos pájaros de un tiro: por un lado, un homenaje a una de mis novelas favoritas, y por otro, al maestro Kubrick que todavía no había aparecido por el blog.


Lolita (Stanley Kubrick, 1962). Títulos de crédito.