Tuesday, July 19, 2011

La buena nueva

«A los pocos, poquísimos, eclesiásticos que no compartíamos el apostólico ardor (…) nos miraban de reojo, nos recelaban, nos eludían y odiaban como a vendidos y claudicantes, que traicionábamos simultáneamente a la Religión y a la Patria»

Estas palabras son de Marino Ayerra, el famoso sacerdote de la población navarra de Alsasua, de su libro No me avergoncé del Evangelio. En esa tierra pudo comprobar desde el principio el "apostólico ardor" con que sus hermanos en Cristo apoyaron el golpe militar, su conversión en Cruzada y la implicación sangrienta del clero en la represión y persecución de los rojos. Todo eso es lo que cuenta el libro, un relato estremecedor de denuncia del abuso político de la religión....


Marino Ayerra nació en Lumbier en 1903. El mejor estudiante de Teología de Pamplona, fue profesor y había estado en Roma. Como cura de Alsasua entre 1936 y 1939 fue testigo directo de la represión sufrida allí. Gracias a su intervención se salvaron muchas vidas, dio consuelo a las muchas viudas y huérfanos del pueblo. Don Marino fue uno de los poquísimos clérigos navarros que lucharon en la medida de sus posibilidades por dejar constancia de lo que estaba sucediendo: fue de los pocos que se atrevió a bendecir las fosas, y gracias a ello, y a las largas caminatas que se daba monte arriba, pudo dibujar mapas de los lugares exactos de los enterramientos. Fue denunciado, perseguido, pero la puntilla se la da Pío XII el 16 de abril de 1939:
«Nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la católica España, para expresaros nuestra paternal congratulación por el don de la paz y la victoria con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad».
Se va a Uruguay, pero deja el sacerdocio a los pocos meses. En Argentina fue peluquero y traductor de latín y griego. Se casó y tuvo dos hijas. Allí escribió sus memorias, No me avergoncé del Evangelio (Buenos Aires, 1958), una de las principales fuentes para conocer el papel desempeñado por la Iglesia Católica en Navarra durante la Guerra Civil. Nunca regresó a España.

«Y ahora resulta que no ya sólo los obispos españoles, sino la Santa Sede ha estado bendiciendo y alentando 'desde sus albores' todo esto... Entonces sí, entonces ya todo se explica. Todo menos las palabras de Cristo. Todo menos lo que estúpidamente he estado predicando toda mi vida yo, por creerlo doctrina evangélica, por creerlo la buena nueva».


Helena Taberna, sobrina del recordado cura de Alsasua, era adolescente cuando leyó sus memorias aún clandestinas, y ya nunca pudo quitarse de la cabeza su historia. Las mujeres del pueblo se le acercaban para agradecerle los favores que su tío había hecho durante la Guerra. Estaba obsesionada con llevar al cine su biografía. En 1995 fue imposible ¡por permisos eclesiásticos!, pero no ha parado hasta lograr ponerla en pie. Encantada que coincida precisamente con este momento histórico—judicial.
Es una historia sobre guerra y religión. Es un homenaje a Don Marino, su tío, y una crítica al papel que jugó la Iglesia durante la Guerra Civil (Hubo dos Iglesias como hubo dos Españas), pero ante todo, para la directora «La Buena Nueva gira en torno a la recuperación de la memoria histórica, desde un punto de vista humano y emocionante. Mi intención no es apuntar a los culpables, sino rendir un recuerdo sanador y poético a los que perdieron la guerra».

«¿No está bastante llorada ya nuestra común y dolorosa tragedia?
No. No lo está. Ni lo estará mientras quienes deben llorar no lloren,
y sus lágrimas de sincera y cristiana contrición no se purguen y se lave la mancha inferida, más que a España, a la Iglesia misma...»
Marino Ayerra

Miguel (Unax Ugalde) es un clérigo que recién llegado de Roma es designado párroco de un pueblo de mayoría socialista dos días antes del golpe militar de 1936: Alzania (en la ficción Alsasua, rodada en Leitza). Desde el inicio de la guerra, el pueblo es ocupado por los falangistas, con la complicidad de los carlistas y la jerarquía eclesiástica. Se suceden los fusilamientos, los cadáveres se amontonan en las cunetas, sus parroquianos se echan al monte y los que quedan viven amenazados. Asombrado primero, después decepcionado e impotente...

La película está basada en hechos históricos, pero no es un documento histórico. No debe, por lo tanto, contrastarse con las investigaciones históricas detalladas sobre la Iglesia católica y su implicación sangrienta en la Guerra Civil. La fuerza que transmiten sus imágenes, sin embargo, la forma de abordar el tema, es extraordinaria y merece ser conocida y debatida. Según muchos testimonios, que Helena Taberna recoge a través de Ayerra, en Navarra fueron los curas quienes iniciaron en muchos casos los preparativos conspiratorios, los primeros en enrolarse en las milicias para secundar la sublevación de los militares contra la República. Helena Taberna recrea esa atmósfera de ardor patriótica y religiosa, con los carlistas alborotados ondeando los banderines del requeté. También era frecuente ver a miembros del clero «con su fusil al hombro, su pistola y su cartuchera sobre la negra sotana», como lo describió Marino Ayerra. Es una imagen propia de la Vieja Castilla, de Alava, pero sobre todo de Navarra, el escenario en que Helena Taberna sitúa su película.
Julián Casanova



La buena nueva (Helena Taberna, 2008) Tráiler.

http://www.labuenanuevapelicula.com/
El cura de Alsasua contra la Santa Cruzada. El País.com.
El nacional-catolicismo, o la Santa Cruzada contra el Evangelio: La buena nueva de Helena Taberna. Jacqueline Cruz.
La buena nueva, algunos curas buenos.

4 comments:

Uno said...

Gneralizar sobre "los curas" supongo que será tan erróneo como hacerlo sobre los castellanos o sobre los médicos. Otra cosa es La Iglesia bendiciendo el horror y poniendo palios a los criminales.

Un abrazo

Steppenwolf said...

Menos mal que hay "ovejas negras" en todos los ámbitos, y en la iglesia también. Vergonzoso el papel que ha ejercido la iglesia católica en la guerra civil, pero que puedes esperar de una institución que siempre ha estado manipulando al pobre pueblo, ciego y falto de la cultura más básica.
Sobre las armas que tenía el clero en la gerra no habia oído nada, pero tengo una foto de cinco monjas con un rifle en un post de la iglesia.

Saludos.

pe-jota said...

Es una película que te llega, y llega por su sencillez, por la naturalidad con que están contados los hechos, la escena de la cantera es tremenda, creo que es una de las más desgarradoras que se ha filmado en España.

senses and nonsenses said...

es una película pequeña, pero honesta.
y necesaria para conocer a figuras como Don Marino, que existieron...

a mí tpc me gusta generalizar. pero me temo que eran excepciones, acosados y perseguidos por los suyos.

no ha sido un tema habitual en el c.español de la GC (fuera de la caricatura), a pesar de lo que pensarán muchos. en Los girasoles ciegos el personaje de Raúl Arévalo tb cambiaba la sotana por las armas durante los años de la guerra.

esta película no pudo rodarse en 1995. me parece fortísimo.
no tiene nada que ver, pero el otro día viendo un poco de Las bicicletas... aluciné, nunca había reparado en ello, el bando republicano llevaba la bandera rojigualda en vez de la tricolor.

hicieron un buen trabajo de borrado y olvido. la anestesia ha sido TAN grande... como dice Steppen, ciego y falto de la cultura más básica, la manera más eficaz de manipular al pueblo.