
November's Angel
Francesca Gabbiani para Hair Styling
Había una vez tres muchachitas...
Los ángeles de Charlie
...fue mi primer mito erótico.
algún día le dedicaré una entrada en condiciones.


¿Qué sentido tiene una nueva versión de Brideshead Revisited, la novela de Evelyn Waugh, cuando existe una maravillosa adaptación de 11 horas, que está considerada como una de las mejores series británicas de todos los tiempos? Lo único que no ha cambiado en esta nueva adaptación es el castillo de Brideshead; se regresa a Howard Castle, el mismo escenario donde se rodó esta serie de culto en 1981 (y donde también Stanley Kubrick rodó gran parte de Barry Lyndon).
Retorno a Brideshead es el flash-back más largo de la historia del cine, aunque se trate en realidad de una serie de TV; pero a mí me gusta considerarla como una gran película de 11 horas, por su calidad, por tener una factura impecable, por el reparto de lujo que tiene: Laurence Olivier, Claire Bloom, John Gielgud... Pero sobre todo, aquí descubrí y me enamoré para siempre de Jeremy Irons. También me enamoré del dandy hedonista Sebastian Flyte y de su encantadora y contradictoria hermana Julia: he perdido la pista a los fantásticos Anthony Andrews y Diana Quick, pero permanezco fiel al flechazo por Irons después de tantos años.
Estamos al final de la Segunda Guerra Mundial, el capitán Charles Ryder regresa a Inglaterra y se aloja con su compañía en el castillo de Brideshead, residencia habitual de una aristocrática familia ultracatólica que frecuentó en su juventud. Charles, que procede de una modesta familia anglicana, conoce a Sebastian en Oxford, donde ambos están estudiando e inician una profunda y ambigua amistad. Gracias a Sebastian pasa todo un verano en Brideshead donde conoce a toda su familia, especialmente a Julia, la otra hija de los Marchmain con quien mantiene una relación muy especial. Es el final de una época, de un estilo de vida, la decadencia de una rica familia acostumbrada en los buenos tiempos a la caza del zorro, a su propia capilla con capellán incluído, y una villa en Venecia para ir a descansar.



Este es el momento ideal -por mi estado de ánimo- de hablar de mi serie favorita, A dos metros bajo tierra. ¿La mejor serie de TV de todos los tiempos? Yo así lo creo. Aunque es más que una serie, es puro cine y del bueno, pero dosificado en 63 episodios a lo largo de cinco temporadas, que crean adicción. Desde Twin Peaks no había estado tan enganchado a una serie por capítulos; a pesar de lo maltratada que fue por TVE (no han emitido la quinta y última temporada, que sigo sin ver y que he tenido que conseguir por otros métodos; de la que algunos hablan maravillas, y otros que finalmente se convirtió en un culebrón, razón por la cual finalizó la serie), sábado a sábado estaba pendiente de las aventuras de la familia Fisher, una familia extraña y encantadora a partes iguales, que tiene una funeraria como negocio familiar y que es el decorado principal de esta serie de culto que cuenta con numerosos fanáticos entre los que me encuentro.
La serie comienza con el último asunto del que se quiere oír hablar: de la muerte. Todos los episodios se inician con una muerte insólita, accidental, absurda, sin sentido, la futilidad de las cosas que creemos importantes, una cáscara de platano, una caída en la ducha, ahora estamos, y ahora ya no estamos, lo absurdo de proyectarse hacia el futuro olvidándonos del aquí y ahora.
Ruth Fisher (Frances Conroy) es su desconsolada esposa y matriarca del clan. Es el personaje que más me costó aceptar: es una mujer depresiva y extraña donde las haya, intenta ser positiva pero le cuesta, intenta desesperadamente recuperar la comunicación con sus hijos ....al final, se hace querer como todos los Fisher. En el primer episodio se siente culpable por haber sido infiel a su marido con su estilista, pero mola el derecho a defender su vida privada. A pesar de haber superado los 50 no está dispuesta a renunciar al sexo y a la posibilidad de encontrar de nuevo el amor. Lo encontrará en George (James Cromwell) con quién terminará casándose en la tercera temporada.
Claire (Lauren Ambrose) es la hija pequeña, rebelde, inconformista, inteligente, la chica más rara del instituto, con un sentido del humor negro envidiable. Los diálogos de la serie son estupendos, pero en el caso de Claire alcanzan lo sublime. A mí me encanta. Es mi personaje favorito de la serie (aunque Brenda es mucha Brenda). Anda perdida en su propio caos existencial. Ingresa con muchas dudas en una escuela de arte, la ausencia del padre, la difícil relación con su familia, sus primeras experiencias con el sexo, con las drogas. Primero tiene un novio loco, luego otro un poco gay, después prueba con Edie (Mena Suvari), la adolescente rubia de American Beauty, para acabar con el hermano de Brenda, Billy (Jeremy Sisto) que es borderline. Como la vida misma.
RUTH: Me gustaría que quedara claro que apoyo al cien por cien que vayas a la escuela de arte.
Nate (Peter Krause) es el primogénito, salió pronto del nicho familiar huyendo precisamente de aquello que ahora, tras la muerte del padre, va a tener que hacerse cargo muy a su pesar: heredará el negocio familiar, es el que ocupará simbólicamente el lugar del padre. Nate nunca se ha comprometido a nada y tendrá que decidirse entre la aburrida madre de su hija Maya, la pesada y chantajista emocional Lisa (Lili Taylor) y la más divertida Brenda (Rachel Griffiths), una mujer deshinbida, un poco ninfómana y con una familia tan disfuncional como los Fisher. Nate y Brenda se conocen en el primer episodio, los dos vuelven a casa por navidad y antes de conocer sus nombres follan en un almacén del aerpuerto. Rachel Griffiths, que se dio a conocer en otra peli que adoro La boda de Muriel, recibió un Globo de Oro por su interpretación.
PSICÓLOGA: Escuche, supongo que Melissa le habrá dicho que una de mis especialidades es la adicción sexual.
David (Michael C. Hall) es el hijo responsable que se ha quedado trabajabando con el padre en la funeraria pero que se olvidó de vivir él mismo. Torturado por su sexualidad, vemos todo el proceso de su aceptación, desde sus primeros escarceos, la negación, el miedo a la homofobia, hasta la presentación de su novio en familia. Lo mejor de David es su novio Keith (Matthew St. Patrick): un policía negro que está que cruje, según dice Claire, y que es como para llevárselo a casa inmediatamente. Es la primera vez que se muestra en una serie de TV una relación homosexual real, alejada de los estereotipos recurrentes de otras series de TV (que no mencionaré). De hecho, en las universidades norteamericanas, en las que ya se están realizando estudios sobre la serie, a parte del tratamiento de la muerte en Estados Unidos lo que ha despertado más interés es la relación homosexual de la serie. (me gustaría saber vuestra opinión al respecto)